Soneto del duelo

Imagen cedida por Ikaria Fotografía

Soneto del duelo

La Luna me cofesó que nacía,
y yo ardiendo comprendí la saliva,
secreta y de hueso, era sombra nativa
en suelo de vieja sangre tardía.

Mudé el ramaje en raíz vengativa,
y en volcán sin lengua me convertía
en duelo de sombra y luz escupía
reflejos de cuerpos con tierra viva.

Espero con la mirada hacia arriba
anclar, cerciorarme con arrugada
piel que la sangre sobre suelo escriba.

Ínfimos cristales de luz aliada
ya en distancia de fresca piel perciba
sombra que en nosotros quedó formada.

Comentarios